La herida no cierra

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

Llega al Centro Dramático Nacional de Madrid el final de la trilogía de auto ficción iniciada hace ya unas temporadas. Los últimos Gondra cierra el círculo y la saga de esa estirpe familiar de Algorta. Una auto ficción escrita por Borja Ortiz de Gondra y dirigida una vez más con maestría por Josep Maria Mestres.

Es curioso el recorrido que ha tenido esta historia. Cuando se estrenó la primera parte dudo que se pensara en que acabaría en una trilogía teatral de éxito. El primer montaje desembocó en un segundo de igual calidad que el primero y ahora la tercera parte se sitúa a la altura de las demás. No es fácil ese logro y mucho se debe a una historia familiar muy bien contada y un elenco de un brillo especial.

La tercera y final parte nos habla de los que quedan de la saga. Los últimos Gondra. Borja Ortiz de Gondra ficciona su propia muerte y la herencia que les deja a sus dos hijos. Hijos a los que nunca conoció, hijos que no entienden el peso de ser un Gondra. Sobre esa premisa, sobre la identidad y la memoria familiar se construye un mágico relato que recoge historias inacabadas de las anteriores partes. (Hay unas pocas funciones programadas de las anteriores partes, totalmente recomendable verlas para disfrutar aún más de esta tercera).

El montaje vuelve a recrear el frontón de Algorta, un frontón que ha sido testigo de episodios dramáticos de la familia. La luz de Juanjo Llorens acertadísima y climática, la videoescena de Álvaro Luna siempre certera.

Un amplísimo reparto, cohesionado y de una excelencia que se agradece en un reparto tan amplio. Es imposible destacar a alguno por encima del otro, ya que todos despuntan en un momento u otro. Me quedo con la verdad que desprende Lander Otaola intentando cerrar la perpetua herida. Con la sutil belleza de Samy Khalil en la última revelación de Don Iñigo de Gondra, con la rabia de Marc Bosch en ese Iker que regresa al pueblo y tiene que lidiar con el pasado y un presente que no reconoce. Cecilia Soraguren que es una Ainhoa incapaz de perdonar, con rencor impecable. Sonsoles Benedicto, Markos Marín, Ylenia Baglietto, Fenda Drame, Aizpea Goenaga, Antonio Medina, Joaquín Notario, Pepa Pedroche, Victoria Salvador, José Tomé y el mismo Borja Ortiz de Gondra. Todos y cada uno de ellos están simplemente perfectos.

El relato es de esos que atrapa, con misterios y heridas viejas que ni el tiempo consigue reparar. Ser testigos del desenlace imaginado de esa intensa saga familiar es todo un regalo. Más allá de las lecturas políticas que se le quieran dar, de si es necesario perdonar y olvidar, de si hay que remover la memoria, de si hay que dar carpetazo a algunas historias, más allá de todo eso que puede subyacer en el montaje, este capítulo final de la trilogía es un precioso broche que cierra y entierra la saga familiar.

 

Fuente: EnPlatea


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